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Último día Exposición Jeanne Tripier “Creación y delirio”, en Madrid

[ 5 enero, 2019; ] Esta exposición forma parte de una línea de investigación, abierta desde hace diez años en La Casa Encendida, que pretende reflejar una aproximación a las relaciones y pulsiones creativas de artistas, calificados desde diferentes puntos de vista como marginales, y las vanguardias artísticas del siglo XX.

5 enero, 2019

creacion_delirio_jeanne_tripier_tpFecha(s): 10 de octubre de 2018 – 5 de enero de 2019.

Lugar: Casa Encendida. Sala D, Sala E. Ronda de Valencia, 2. Madrid. Cómo llegar.

Entrada libre.

Más información.

Jeanne Tripier nació durante la revuelta de la Comuna de París, en 1869 y murió en Neuilly sur Marne, en 1944 a los 75 años. Hija de unos humildes comerciantes de vino local, se crió con su abuela en el distrito de Montmartre y cuando tuvo edad para llegar hasta la altura de una caja registradora, empezó a trabajar como vendedora en unos grandes almacenes. Aunque eso no le sirvió para vivir holgadamente: siempre tuvo problemas económicos en los que no la ayudó ni su , ni una herencia que, según ella, debía haber recibido de su tía. Pero a pesar de sus estrecheces sobrevivió a tres guerras, dos de ellas mundiales.

En 1934, su hermano Alphonse, con quien no se hablaba desde hacía años, la ingresó en un hospital psiquiátrico conocido como La Maison Blanche  en Neuilly-sur-Marne. Jeanne llevaba 13 años escuchando voces en su cabeza. Sonidos guturales que ella interpretó como provenientes de ultratumba, lo que la llevó a interesarse por el mundo del espiritismo y a autodenominarse ‘médium de primera necesidad’. Escuchando lo que acontecía solo en su mente, llegó a asegurar que hablaba con Juana de Arco, quien le dictaba el mensaje que debía difundir a diestro y siniestro para regenerar una Francia, según ella, en franca decadencia moral.

Durante los años que estuvo ingresada, Tripier trabajó en la creación de una extensa y multidisciplinar obra en la que se dan la mano textos realizados mediante escritura automática, bordados, tejidos, y una obra pictórica que, a menudo, dialogaba con lo que escribía. Era una autodidacta.

Tripier falleció a los 75 años en 1944 en La Maison Blanche. La institución, que llevaba décadas dando cobijo a personas con enfermedades mentales, epilepsia e incluso alcoholismo, había sufrido un duro revés de recursos desde que estallase la Segunda Guerra Mundial. La ausencia de calefacción, de productos de primera necesidad, medicinas, ropa y alimentos, provocaron un aumento de la mortandad inusitado entre las paredes de la institución. Y en plena crisis, las pertenencias de los pacientes solían ser donadas, desaparecer y incluso ser quemadas. Eso estuvo a punto de hacer el médico jefe del asilo psiquiátrico, Henri Beaudouin.

En cuanto a su :

Por pura casualidad, un día dio con un anuncio en el que Jean Dubuffet llamaba a todos los psiquiatras a revisar las obras de sus pacientes, pues estas podían tener más valor del esperado. El pintor y escultor francés acababa de fundar el movimiento del Art Brut y andaba a la zaga de las obras de personas con enfermedades mentales. Dubuffet no llegó a conocer a Tripier, pero rescató su obra del ostracismo en pleno auge de las colecciones de artistas autodidactas. El Art Brut no volvió a ser lo mismo desde que presentó a la autora, en febrero de 1949. Desde entonces, su obra ha recorrido el mundo y, actualmente, es una de las colecciones más perseguidas de la Collection de l’Art Brut de Lausana, pues ha inspirado obras de teatro, novelas y exposiciones de todo tipo. Y bien podría haber ardido en el sótano de un hospital psiquiátrico no muy lejos de París.

La Jeanne Tripier: creación y delirio, reivindica su figura como exponente indudable del Art Brut. Lo hace con sensibilidad y devoción, acercándose a la mirada artística de Tripier con un doble objetivo: difundir los preceptos que marcaron el devenir del Art Brut, e introducirnos -psicológicamente- en el método de creación de una autora que sufría psicósis alucinatoria crónica. La exposición consta de paredes llenas de textos escritos por supuestas voces del más allá, y su habilidad para resultar divulgativa a la vez que significarse como reivindicación de la marginalidad.

De ahí que lo primero que conozcamos de ella sea su filosofía, su forma de entender y pensar el mundo desde la alucinación. La primera parte de la exposición recoge sus escritos que permiten perseguir la historia de la vida de la autora y dan buena cuenta de su situación mental. Comprobando, así, que cuando recuerda a su familia, su caligrafía se entiende perfectamente, mientras que cuando sufría brotes psicóticos, las letras se confunden, se hacen pequeñas y caóticas. Trances en los que inventaba palabras, aseguraba que se acercaba el apocalipsis e incluso se identificaba con Juana de Arco.

En el final de la exposición se recogen tejidos llenos de colores que remiten en sus formas a talismanes y objetos que utilizaba en la época en la que coqueteó con el espiritismo, antes de ser ingresada. Pero también a imágenes que recuerdan a las consultas del médico, y que se pueden interpretar como forma de afrontar el mal que la acechaba.

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