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29 mar 2019

Sin hogar, sin salud y sin voz: Invisibles

Reportaje sobre el Equipo de Detección e Intervención de Calle (EDIC) de la asociación El Puente, publicado en el número 3 de la revista Encuentro de 2018.

La asociación El Puente de Valladolid nos abre sus puertas para mostrarnos los entresijos de un programa pionero, un proyecto con el que salen a la calle para llegar hasta las personas más vulnerables, abandonadas hasta ser casi invisibles: que tienen un problema de salud mental.


La extrema exclusión que sufren las personas sin hogar puede provocar problemas de salud mental

“Vivir en la calle puede hacer que cualquier persona se hunda”. Así de contundente se muestra Gabino (nombre ficticio a petición suya), una de las personas sin hogar a las que apoya la asociación vallisoletana El Puente Salud Mental.

El pasado 26 de noviembre fue el Día Internacional de las Personas sin Hogar y para entender mejor qué necesita este colectivo, para este reportaje hemos pasado un día en Valladolid conociendo cómo trabaja el Equipo de Detección e Intervención de Calle (EDIC) de la asociación El Puente.

 “Vivir en la calle puede hacer que cualquier persona se hunda”

“El EDIC nació de la necesidad que hay de atender a las personas sin hogar con todo lo que implica eso: el deterioro social, la exclusión, el estigma…  Estas personas están abandonadas y nuestro movimiento asociativo no lo puede permitir” denuncia Jesús Corrales, presidente de . En su opinión, desde el movimiento asociativo “debemos demandar a las administraciones los recursos y las herramientas necesarios para atender las necesidades de estas personas que están en la calle desatendidas totalmente y no podemos consentirlo”.

“No nos hacemos una idea del problema que se le presenta a Europa con la salud mental. España ya lo está empezando a pagar” vaticina Corrales. En su opinión, en el caso de las personas sin hogar este problema se agravará en el futuro, ya que aunque “en un repunte económico quizá haya menos gente en situación de calle”, al haber esa recuperación y ellos quedarse atrás, “la distancia va a ser mayor entre un colectivo y otro y van a necesitar mucha más atención de la que están necesitando ahora”.

Gabino haciendo fotos“Lo más importante es el apoyo institucional” aclara Gabino, y es que según él, “en este tema, los políticos y las administraciones no están implicados, sólo en campaña electoral… pero luego se olvidan”. Él lo tiene claro: “Se necesitan programas específicos para ayudar a este colectivo y que apoyen iniciativas como la de El Puente”.

“Desde sus inicios esta entidad ha apostado por estar cerca de aquellos que, aparte de tener un problema de salud mental, vivían una situación socioeconómica que los ponía en las cunetas de la sociedad”, nos explica Pablo Moreno, director de la asociación El Puente Salud Mental. Para él, “reforzar y seguir apostando por esa línea es nuestra seña de identidad”, con un método y un modelo de intervención “acorde a las necesidades reales de las personas con las que trabajamos, abandonando todo lo que suene a asistencialismo, buscando la promoción de la autonomía personal y con el objetivo de que puedan desarrollar su proyecto de vida” aclara.

Pero, ¿qué necesitan las personas que viven en la calle? “En su momento me apoyé en la bebida y me di cuenta de que ya no podía hundirme más…” se sincera Gabino. “Hay momentos que uno no sabe a quién acudir, qué trámites hacer… y desde El Puente siempre están colaborando para hacerlo todo más fácil. En El Puente vi un apoyo psicológico que me ha ayudado mucho”.

“Mi padre llegaba de trabajar y me pegaba, por lo que salí de casa con doce años”

“Mi padre llegaba de trabajar y me pegaba, por lo que salí de casa con doce años. Luego en la calle pasé calamidades, conocí las adicciones a la cocaína, heroína…” Las palabras de Roberto (también nombre ficticio) desgarran.
“Siempre estoy con depresión”, explica. Después de 30 años en la cárcel, verse en la calle sin nada, hunde a cualquiera. Pero ahora, ve un camino, un futuro: “El consejo que le daría a una persona que se encuentra viviendo en la calle es que busque ayuda, como la que ofrece El Puente”. “Lo que necesitamos es que nos ayuden a encontrar trabajo, que es algo en lo que trabaja la asociación”. Y es que como para cualquier persona, “conseguir tener un es fundamental” reclama.

El primer contacto

El Equipo de Detección e Intervención de Calle (EDIC) de la asociación El Puente, formado por Mónica Marcos, educadora social y técnico referente del Programa de Inclusión Social y Noelia Novo, trabajadora social, contacta con las personas sin hogar directamente en la calle. Marcan zonas en las que saben que puede haber personas indomiciliadas, como es por ejemplo la estación de autobuses o el Campo Grande. Se acercan a la persona, charlan con ella, y les cuentan quiénes son y dónde trabajan, ofreciendo su apoyo si lo necesitan.

“La verdad es que distinguir así a primera vista si la persona tiene algún problema de salud mental no es fácil” admite Mónica Marcos. Necesitan ir poco a poco, estableciendo un vínculo: “Es un trabajo de fondo, los resultados se ven a largo plazo”.

Desde hace años reciben muchas derivaciones a través de la Red de Personas sin Hogar de Valladolid, “pero había muchos casos que se nos escapaban. Los esperábamos y no venían…” explica Marcos. “Esta es la idea del proyecto, que nosotros fuéramos a ellos, ya que sabíamos que entre estas personas había muchas con problemas de salud mental a las que no llegábamos”.

Según esta educadora social, el objetivo a corto plazo del EDIC es “intentar atender sus necesidades más prioritarias, pero a largo, que esa persona no tenga necesidad de estar en este programa porque tiene una vida, un trabajo, una casa… porque no nos necesita” puntualiza sonriendo.

“Estamos para apoyar, no para hacer por ellos. Para apoyar y para acompañar”

Sin embargo, “tienen que querer ellos salir de esa situación” aclara Marcos. “Tú les puedes ayudar a marcar objetivos, a verlos posibles, y si ellos quieren salir, acompañarles en ese camino”. “Estamos para apoyar, no para hacer por ellos. Para apoyar y para acompañar” remarca.

Empezamos a preguntarnos si hay alguna relación entre el sinhogarismo y la salud mental ¿La exclusión puede provocar un trastorno mental? Mónica es rotunda en su respuesta. “Por supuesto.  Verte en una situación tan dura como es vivir en la calle te puede generar un problema de salud mental. Son situaciones tan estresantes, el no saber qué va a ser de mí mañana, si voy a poder comer, si tendré sitio en el albergue, si voy a poder dormir en el sitio de siempre o me van a echar… Situaciones tan extremas que hay personas que lo pueden ‘soportar’ y otras que no”.

La especial vulnerabilidad de las mujeresBanco en el Campo Grande, lugar en el que dormía Gabino. Son muchos los que duermen allí y uno de los puntos donde acude El Puente.

“Desde la entidad llevamos 15 años trabajando con personas en exclusión social y en la que desde el primer momento hemos puesto especial interés en el colectivo de personas indomiciliadas” contextualiza Elisabet Juárez, coordinadora del Área de Promoción de la Autonomía e Inclusión Social.

Para Juárez, “son los olvidados de los olvidados” y sobre los que recae “doble estigma, persona sin hogar y con problemas de salud mental. Y si eres mujer y sin techo, triple estigma, ya es la discriminación más absoluta”.

Según nos aclara en nuestra visita a la asociación, hay muchas diferencias entre hombres y mujeres, por lo que uno de los objetivos del proyecto es “visibilizar a las mujeres sin techo”. “Habitualmente los recursos que hay para personas sin hogar están pensados solo para hombres. Los albergues, los comedores sociales… En el albergue de aquí hay muchas más plazas para hombres que para mujeres”.

Son menos, pero son. Y además, ellas están mucho más expuestas y son mucho más vulnerables si están en la calle.  “Creemos que las mujeres hacen todo lo que esté en su mano para no acabar en una situación tan dura como la calle. Buscan otro tipo de soluciones, siendo internas, prostitución… cualquier cosa por no verse en la calle donde están tan expuestas por ejemplo a agresiones sexuales o situaciones de violencia”.

Cambiar la actitud

“La crisis que hemos tenido ha provocado que muchas personas que tenían trabajo en la construcción por ejemplo, se quedaran sin nada ¡y gente que a lo mejor tenía de todo!” asegura por su parte Mónica Marcos. Es algo que nos podría pasar a cualquiera, “te quedas sin trabajo, te vas endeudando y embargando y al final te quedas sin nada”.

Sin embargo, casi todas las personas nos sentimos ajenas a todo esto, y “seguimos mirando para otro lado cuando cualquiera podría verse en una situación así”.

“Debemos mirar a las personas como personas, independientemente de si tienen dinero, estén en la calle o lleven un traje”

Ese mirar para otro lado, además, no es sólo es metafórico, es literal. Y duele. ¿Cuántas veces hemos visto a alguien en la calle y hemos girado la cabeza?  “Cuando eres invisible para los demás piensas que no vales nada…” nos relata la trabajadora social, y esa indiferencia provoca que “tengan la autoestima por los suelos” con todo lo que eso puede impactar en su salud mental.

En su opinión, es urgente cambiar la actitud. “Nunca nos hemos encontrado con nadie que nos haya rechazado, son personas que a lo mejor están todo el día solas y lo que más necesitan es un momento de charla, que alguien que los vea. Debemos mirar a las personas como personas, independientemente de si tienen o no dinero, estén en la calle o lleven un traje”.

Reportaje publicado en el nº 3 de la Revista Encuentro, 2018.

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