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03 ene 2017

Hablando con… Emilio de Benito, periodista

Entrevista al periodista de El País y presidente de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS). Publicada en el nº 2 de la Revista Encuentro, año 2016.

“Mientras más hablemos y más entendamos a la otra parte, mejor”

Hemos quedado en un jardín de Madrid con Emilio de Benito, bioquímico y periodista en El País desde hace más de 15 años. A su larga trayectoria como periodista de temas de salud, se añade su reciente nombramiento como presidente de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), entidad que tiene por objetivo que “la información sobre salud esté hecha de la mejor manera posible” y “que el sello ANIS signifique calidad”. Nos recibe sonriente. Charlamos, café entre las manos, con un propósito: entender el funcionamiento de los medios de comunicación. Durante una hora nos acercaremos a su realidad.

emilio-de-benito-fotografia-de-julian-rojas-el-paisPregunta: Después de tantos años informando sobre salud, ¿crees que ha habido un cambio en cómo se tratan estos temas?

Respuesta: Totalmente. Hay una mayor sensibilidad respecto a las cosas que se pueden decir y las que no; hay más rigor en las informaciones, menos amarillismo.

P: ¿Internet también está marcando el ritmo informativo?

R: Es hacia donde vamos todos y no nos queda más remedio. Pero en Internet el método de lectura es distinto. El periódico te lo encuentras ya hecho y seleccionado. En Internet seleccionas tú y tiene la ventaja de que la respuesta es inmediata. En ese aspecto ahora la comunicación es mucho más fluida.

P: En esa comunicación entre periodistas y lectores, ¿sientes que las asociaciones protestamos mucho?

R: Vuestra función es protestar y también es aplaudir. El día que no tengáis nada por qué protestar no tendréis sentido. Otra cosa es que haya que protestar por todo y que todo parezca que es el fin del  mundo…

P: ¿Los medios de comunicación son una buena herramienta para tratar de cambiar la realidad?

R: Lo son, no porque nuestro objetivo sea ese directamente. Nuestro objetivo es contar historias, contar cosas que pasan. Pero, obviamente, si lo que contamos que pasa es algo que “pasa mal”, la reacción o la consecuencia puede ser que los responsables de ese tema intentaran que mejorase, con lo cual, al final, lo cambian.

P: ¿Cómo seleccionas las noticias?

R: Para empezar, que sean noticias. Por desgracia, en los temas de enfermedades crónicas o muy duraderas o las discapacidades, que muchas veces son para toda la vida, novedades hay pocas.

Una noticia debe ser noticia, bien porque no se haya contado antes o bien porque sea algo nuevo, que haya evolucionado para bien o para mal, porque alguien le ha conseguido dar otro enfoque… Que sea creíble, la relevancia… Luego, los periodistas tenemos afinidades personales. Por ejemplo si tu madre tiene Alzheimer, las noticias sobre el Alzheimer te van a llamar más la atención.

El primer filtro está en el periodista. Yo recibo un día normal alrededor de 500 e-mails, más los mensajes por Linkedin, por Twitter, alguna llamada telefónica… Ahí tengo que hacer el primer filtro sobre qué es lo que me parece más interesante, pero luego tengo que ir a mi jefe para proponerle trabajar eso y hacer que a él le parezca noticia. Pero, a su vez, mi jefe tiene un subdirector que lo controla, y también tiene que convencerle de que es noticia. Y ese subdirector luego tiene un director del periódico…

Tienes que decidir bien en qué dedicas tu tiempo, que siempre es limitado. Y, si es en papel, el espacio también es limitado.

emilio-de-benito

P: El periodismo sanitario tiene una perspectiva muy científica… Aunque parece que en este tipo de informaciones cada vez tiene más importancia la opinión de las personas afectadas. ¿Se las trata como expertas en la materia?

R: Es complicado. Voy a ser muy sincero y hasta crudo. Aunque son una parte fundamental, son la fuente menos objetiva del mundo. Es decir, la persona “que tiene”, “es paciente de”, que “está afectada por” o que “convive con alguien con ‘algo’”, ese “algo” le parece lo único importante, como es lógico. Siempre hay que ponerle filtros a lo que te cuentan, a todo el mundo.

El trabajo del periodista es el de ser el abogado del diablo. Cada vez que alguien te cuenta algo tienes que preguntarte qué interés tiene, qué me está intentando vender, dónde está el fallo… Si supera tus filtros podrás ir con cierta garantía a contarlo. Si no, te tiras a la piscina donde te la vas a pegar sí o sí. Dentro de eso, el afectado es el que más carga emocional y subjetiva tiene. Entonces es complicado, por eso todavía cuesta mucho.

Y luego pasa una cosa, por desgracia. Para a alguien a quien acaban de diagnosticar una enfermedad todo es nuevo, todo es noticia. Pero a lo mejor para mí, que me han contado esa misma historia otros 30 pacientes en los últimos 17 años, no es ni nuevo ni noticioso. Ya sé que los servicios sociales van a ser un desastre, ya sé que van a tardar en darle la consulta, sé que el diagnóstico va a ser un infierno, sé que no va a tener apoyo domiciliario. Para él todo eso es un drama nuevo, porque hasta entonces nunca se había preocupado de lo que pasaba con las personas con “tal” porque él no lo tenía. Y es muy complicado porque tienes que decirle a esa persona “mire, sé que lo suyo es tremendo, que es injusto, que está funcionando mal, pero sé que sigue siendo igual de tremendo, igual de injusto y que funciona igual de mal que hace dos años cuando lo conté”.

A un científico, sin embargo le preguntas dónde lo ha publicado, llamas a otro para contrastar la información… Pero hacerle eso a un paciente es muy duro. A veces te sientes muy miserable porque entiendes su situación, pero a veces tienes que hacerle ver que no es nueva para los lectores.

P: La cuestión entonces es tratar de llegar a un entendimiento entre periodistas y personas afectadas…

R: Yo siempre digo, los periodistas de temas sociales y de salud en concreto, solemos tener muy buena voluntad, somos “buenones”, somos “buenistas”, lo que queremos es ayudar. Pero hay límites en eso.

Siempre estamos dispuestos a intentar darle la vuelta, pero no podemos hacer todos los años por el Día Mundial de “lo que sea” el mismo reportaje. Porque por desgracia, normalmente para la inmensa mayoría de las enfermedades la situación en 2016 es la misma que la que había en 2015. Tenemos que colaborar para encontrar un nuevo enfoque, algo nuevo que no se haya contado o contarlo de otra manera para que no parezca que estamos contando siempre lo mismo.

P:¿Qué puede hacer una asociación para llamar la atención del periodista y para tener una buena relación?

R: Lo primero, localizar al periodista que está o pueda estar más interesado en su área. Por desgracia, con la crisis, cada vez quedamos menos periodistas especializados. Aunque eso puede ser una ventaja, porque ya sabes a por quién tienes que ir, estamos tres.

Segundo, establecer una relación continua. A veces no hay una noticia que hacer, pero se queda, se toma un café… Hay que tener paciencia, no llegamos a todo. También hay que seleccionar: si tú haces una cena benéfica en Valladolid, a un periódico nacional no le interesa, pero a uno local sí.

“las asociaciones tienen que tener claro que la comunicación es parte de sus recursos”

Entender cómo funcionan los medios estaría bien. Entiendo que es muy frustrante para una asociación pequeña porque no te hacen caso. Lo ideal es buscar a alguien, las asociaciones tienen que tener claro que la comunicación es parte de sus recursos. De la misma manera que hacen un esfuerzo para organizar una jornada, tienen que esforzarse en contratar a un profesional aunque sea a media jornada dos días por semana. Ese dinero va a estar mucho mejor invertido y va a dar muchos más beneficios a la asociación que esa jornada que organizaron luchando tanto para buscar local, catering, ponentes…

P: Has escrito mucho sobre VIH y sobre el colectivo LGTBI. Su situación ha cambiado enormemente y ahora se respetan mucho más sus derechos. ¿Conoces alguna buena práctica que hayan llevado a cabo que podamos trasladar a nuestro movimiento asociativo?

R: La visibilización. Salir del armario es fundamental. Precisamente cuando más hay es cuando es más importante la salida del armario. Con el VIH hubo suerte además porque hubo un avance médico tan brutal que ha hecho que todo cambie. Pero en el colectivo LGTBI la clave fue la visibilidad. La visibilidad rompe el . Pero, cuanto más estigmatizado está un colectivo, más difícil es. Y, encima, para las personas con enfermedad mental más complicado es porque, claro, cuando uno visibiliza, lo que quiere visibilizar es normalidad para conseguir aceptación y esta es la parte que falta. Muchas veces la propia asociación no se atreve a ponerte a nadie. Y no se puede salir sin pensarlo porque, una vez que sales del armario, es para siempre. Pero la visibilidad es la clave, sin lugar a dudas.

“La visibilidad rompe el estigma”

P: ¿Crees que las formaciones y las jornadas entre periodistas y personas afectadas pueden ser útiles para los profesionales de la información?

R: Todo lo que sea hablar está bien. No soy muy de que me den el taller, es como cuando me mandan un decálogo o las listas de palabras “prohibidas”. Todo lo que sea diálogo sí, puestas en común, sí. Sobre todo porque el sector del periodismo es muy vivo. La gente rota mucho, por lo tanto siempre hay gente nueva a la que hay que formar.

Mientras más formado esté el periodista en todos los aspectos desde el técnico, el científico, hasta el personal, el social, etc., mejor va a hacer la información. Desde entender qué es la esquizofrenia, qué recursos hay, qué tratamientos, qué modas… Lo mejor que puedes hacer es tener la mayor cantidad de información posible y manejarla como puedas.

P: ¿Crees que informadores y asociaciones podemos y debemos aliarnos? ¿De alguna manera estamos condenados a entendernos?

R: Que estamos condenados a entendernos, seguro. Lo de las alianza no sé, porque en el fondo tenemos intereses distintos. Nos necesitamos, pero por motivos distintos. Pero indudablemente tenemos que entendernos. Mientras más hablemos y más entendamos a la otra parte, mejor; y mientras más fluida sea la relación, mejor. Porque el sello de calidad que te da la relación personal no te lo da nada. El poner cara a las fuentes, el ver por dónde respira, estar con ella, hace mucho. Somos subjetivos y eso ayuda. Si yo trato contigo, me caes bien, veo que no me intentas colar una moto, que me cuentas cosas interesantes, entonces haremos el trabajo más fácil, y eso es fundamental.

“el sello de calidad que te da la relación personal no te lo da nada”

 

Entrevista publicada en el nº 2 de la Revista Encuentro, año 2016.

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