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    [post_date] => 2021-02-19 13:40:57
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    [post_content] => [vc_row][vc_column][vc_column_text]Luces, cámara… ¡acción! Tras el pistoletazo de salida que marca el inicio de cada nueva película, comienza también a funcionar la maquinaria que, consciente o inconscientemente, contribuye a perfilar la realidad y a generar entre el público una opinión sobre un determinado tema. Por su capacidad de llegar a un gran número de personas, la gran pantalla tiene un impacto en cómo percibimos aquello que desconocemos. Decía el director y guionista italiano Ettore Scola que “el cine es un espejo pintado”. No iba desencaminado el autor. Como en esas inquietantes salas en las que múltiples espejos nos devuelven un reflejo deformado de nosotros mismos, a lo largo de su historia el séptimo arte ha contribuido a crear una imagen distorsionada de la salud mental. ¿Afianza el cine los mitos que se asocian a los trastornos mentales? ¿O, por el contrario, juega un papel transformador en nuestra mirada?

 [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width="1/2"][vc_single_image image="75770" img_size="full" add_caption="yes" alignment="center" onclick="link_image"][/vc_column][vc_column width="1/2"][vc_column_text]“El cine tiene mucho que ver con la generación de estigma, porque los trastornos mentales se han relacionado mucho con agresividad, violencia y asesinatos”, explica María Herrera Giménez, especialista en Psiquiatría en el Servicio Murciano de Salud y cuya tesis doctoral giró en torno al cine y la salud mental. Para Herrera, el cine “educa y crea un imaginario colectivo, especialmente en aquellas personas que no conocen un determinado tema. Estos valores y conocimientos que transmiten los largometrajes, pueden ser erróneos”.

La asociación entre violencia y problemas de salud mental ha sido una constante en el séptimo arte desde hace décadas. Secuencias como la del personaje que interpreta Jack Nicholson en El Resplandor (1980, Stanley Kubrick), tratando de atravesar una pared para llegar hasta su víctima, se han quedado grabadas en nuestra retina y han contribuido a reforzar este mito entre la sociedad.

En este sentido transcurre Alguien voló sobre el nido del cuco (1975, Milos Forman), que narra la vida de un delincuente que finge tener un problema de salud mental para escapar de la cárcel, y que es internado en un hospital psiquiátrico. En el filme, aparece uno de los personajes más temibles que ha creado Hollywood: la enfermera Ratched, que, según la lista AFI (American Film Institute), ocupa la quinta posición en el ranking de `mejores villanos´. “Siempre se ha visto a la figura del psiquiatra como represora y maligna, que quiere castigar”, explica Herrera, quien añade que esto influye en la imagen negativa que muchas personas tienen de las y los profesionales de la salud mental.

No obstante, el cine ha ido evolucionando en este aspecto. A medida que las vulneraciones de derechos y el trato que se le da a las personas con problemas de salud mental ha ido cambiando, los largometrajes han ido recogiendo esta nueva realidad. “Probablemente ahora se dulcifica la imagen de la persona con trastorno mental, y se aleja de la agresividad. Sin embargo, no pienso que todavía se represente de manera real. Muchas veces, se da una imagen infantilizada”. Herrera lamenta que, a día de hoy, lo que vemos en la gran pantalla no refleje que “una persona puede tener un trastorno mental y, con unos buenos cuidados, tener su autonomía”.

También hay que tener en cuenta que “en muchas películas se confunde el término psicosis con psicópata. Se utiliza indistintamente cuando son cosas totalmente distintas”, explica la psiquiatra.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

“Ahora se dulcifica la imagen de la persona con trastorno mental, y se aleja de la agresividad. Sin embargo, no pienso que todavía se represente de manera real. Se da una imagen infantilizada

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Difusión de mitos sobre salud mental Hay otros mitos que el cine ha ayudado a difundir, como es la vinculación entre trastornos mentales y genialidad. Ejemplo de ello es Una mente maravillosa (2001, Ron Howard), en la que Russell Crowe interpreta a John Nash, famoso matemático conocido tanto por su aportación a la Teoría de los Juegos (que le valió el Premio Nobel de Economía en los años 90), como por haber tenido esquizofrenia. A su favor, el filme critica el estigma que rodea a este trastorno mental y retrata cómo Nash trata de vivir con ello a pesar de la incomprensión que recibe por parte de su entorno. En este y otros largometrajes, es común aludir de forma recurrente al síntoma de las alucinaciones visuales, dando a entender, de manera errónea, que todas las personas con esquizofrenia o psicosis las tienen. “Se hace para que la película sea más llamativa, pero en realidad, hay muchos otros tipos de alucinaciones, como auditiva, olfativa, sinestésica… en la psicosis y esquizofrenia, por ejemplo, son más comunes las auditivas”. Otra película que recurre a esta licencia audiovisual es Cisne Negro (2010, Darren Aronofsky), un thriller psicológico en el que Nina, una joven y autoexigente bailarina que trabaja para una compañía de ballet, desarrolla un trastorno mental que le generará un elevado sufrimiento.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image="75776" img_size="full" add_caption="yes" onclick="link_image"][vc_column_text]Y es que, en numerosas ocasiones, las historias elegidas para retratar los problemas de salud mental aparecen vinculadas a la fatalidad y se tratan desde un punto de vista negativo. Es poco común encontrar películas de cierto éxito comercial (y, por tanto, con gran capacidad de generar opinión) en las que la persona con trastorno mental lleva una vida normalizada o en las que se aborda la salud mental desde una perspectiva positiva y esperanzadora. En Las horas (2002, Stephen Daldry), Nicole Kidman da vida a la escritora Virginia Woolf, cuyo dramático final ejemplifica la tendencia de la industria cinematográfica a seleccionar ópticas que huyen de la imagen de persona con trastorno mental cuya vida transcurre integrada en la sociedad.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]

"Es poco común encontrar películas de cierto éxito comercial en las que la persona con trastorno mental lleva una vida normalizada"

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Un día en… El cine, ¿aliado o enemigo de la salud mental?

19/02/2021

¿Afianza el cine los mitos que se asocian a los trastornos mentales? ¿O, por el contrario, juega un papel transformador en nuestra mirada? Reportaje publicado en el nº 2 de la Revista Encuentro del año 2020.

Luces, cámara… ¡acción! Tras el pistoletazo de salida que marca el inicio de cada nueva película, comienza también a funcionar la maquinaria que, consciente o inconscientemente, contribuye a perfilar la realidad y a generar entre el público una opinión sobre un determinado tema. Por su capacidad de llegar a un gran número de personas, la gran pantalla tiene un impacto en cómo percibimos aquello que desconocemos. Decía el director y guionista italiano Ettore Scola que “el cine es un espejo pintado”. No iba desencaminado el autor. Como en esas inquietantes salas en las que múltiples espejos nos devuelven un reflejo deformado de nosotros mismos, a lo largo de su historia el séptimo arte ha contribuido a crear una imagen distorsionada de la salud mental. ¿Afianza el cine los mitos que se asocian a los trastornos mentales? ¿O, por el contrario, juega un papel transformador en nuestra mirada?

 

El cine tiene mucho que ver con la generación de estigma, porque los trastornos mentales se han relacionado mucho con agresividad, violencia y asesinatos”, explica María Herrera Giménez, especialista en Psiquiatría en el Servicio Murciano de Salud y cuya tesis doctoral giró en torno al cine y la salud mental. Para Herrera, el cine “educa y crea un imaginario colectivo, especialmente en aquellas personas que no conocen un determinado tema. Estos valores y conocimientos que transmiten los largometrajes, pueden ser erróneos”.

La asociación entre violencia y problemas de salud mental ha sido una constante en el séptimo arte desde hace décadas. Secuencias como la del personaje que interpreta Jack Nicholson en El Resplandor (1980, Stanley Kubrick), tratando de atravesar una pared para llegar hasta su víctima, se han quedado grabadas en nuestra retina y han contribuido a reforzar este mito entre la sociedad.

En este sentido transcurre Alguien voló sobre el nido del cuco (1975, Milos Forman), que narra la vida de un delincuente que finge tener un problema de salud mental para escapar de la cárcel, y que es internado en un hospital psiquiátrico. En el filme, aparece uno de los personajes más temibles que ha creado Hollywood: la enfermera Ratched, que, según la lista AFI (American Film Institute), ocupa la quinta posición en el ranking de `mejores villanos´. “Siempre se ha visto a la figura del psiquiatra como represora y maligna, que quiere castigar”, explica Herrera, quien añade que esto influye en la imagen negativa que muchas personas tienen de las y los profesionales de la salud mental.

No obstante, el cine ha ido evolucionando en este aspecto. A medida que las vulneraciones de derechos y el trato que se le da a las personas con problemas de salud mental ha ido cambiando, los largometrajes han ido recogiendo esta nueva realidad. “Probablemente ahora se dulcifica la imagen de la persona con trastorno mental, y se aleja de la agresividad. Sin embargo, no pienso que todavía se represente de manera real. Muchas veces, se da una imagen infantilizada”. Herrera lamenta que, a día de hoy, lo que vemos en la gran pantalla no refleje que “una persona puede tener un trastorno mental y, con unos buenos cuidados, tener su autonomía”.

También hay que tener en cuenta que “en muchas películas se confunde el término psicosis con psicópata. Se utiliza indistintamente cuando son cosas totalmente distintas”, explica la psiquiatra.

“Ahora se dulcifica la imagen de la persona con trastorno mental, y se aleja de la agresividad. Sin embargo, no pienso que todavía se represente de manera real. Se da una imagen infantilizada

Difusión de mitos sobre salud mental

Hay otros mitos que el cine ha ayudado a difundir, como es la vinculación entre trastornos mentales y genialidad. Ejemplo de ello es Una mente maravillosa (2001, Ron Howard), en la que Russell Crowe interpreta a John Nash, famoso matemático conocido tanto por su aportación a la Teoría de los Juegos (que le valió el Premio Nobel de Economía en los años 90), como por haber tenido esquizofrenia. A su favor, el filme critica el estigma que rodea a este trastorno mental y retrata cómo Nash trata de vivir con ello a pesar de la incomprensión que recibe por parte de su entorno.

En este y otros largometrajes, es común aludir de forma recurrente al síntoma de las alucinaciones visuales, dando a entender, de manera errónea, que todas las personas con esquizofrenia o psicosis las tienen. “Se hace para que la película sea más llamativa, pero en realidad, hay muchos otros tipos de alucinaciones, como auditiva, olfativa, sinestésica… en la psicosis y esquizofrenia, por ejemplo, son más comunes las auditivas”. Otra película que recurre a esta licencia audiovisual es Cisne Negro (2010, Darren Aronofsky), un thriller psicológico en el que Nina, una joven y autoexigente bailarina que trabaja para una compañía de ballet, desarrolla un trastorno mental que le generará un elevado sufrimiento.

Escena de la película Una mente maravillosa

Y es que, en numerosas ocasiones, las historias elegidas para retratar los problemas de salud mental aparecen vinculadas a la fatalidad y se tratan desde un punto de vista negativo. Es poco común encontrar películas de cierto éxito comercial (y, por tanto, con gran capacidad de generar opinión) en las que la persona con trastorno mental lleva una vida normalizada o en las que se aborda la salud mental desde una perspectiva positiva y esperanzadora. En Las horas (2002, Stephen Daldry), Nicole Kidman da vida a la escritora Virginia Woolf, cuyo dramático final ejemplifica la tendencia de la industria cinematográfica a seleccionar ópticas que huyen de la imagen de persona con trastorno mental cuya vida transcurre integrada en la sociedad.

“Es poco común encontrar películas de cierto éxito comercial en las que la persona con trastorno mental lleva una vida normalizada”

En este sentido, Herrera lamenta que a los problemas de salud mental “no se les da un encuadre, un contexto, un reflejo realista de lo que son. Se usan mucho en dramas o thrillers psicológico, o si no, en comedia”. Es el caso del fime Mejor imposible (1997, James L. Brookes) o la más reciente película española Toc Toc (2017, Vicente Villanueva). En ambas, se aborda el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) de manera jocosa, como si hubiese problemas de salud mental irremediablemente asociados a la comedia, mientras que otros estuviesen condenados al drama.

No obstante, en ocasiones llegan a las carteleras largometrajes que tratan de contextualizar y aportar algo de luz a los orígenes de un problema de salud mental. “Lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras”, argumenta el Joker en la película homónima estrenada en 2019. La ya célebre frase del mítico antihéroe de Batman, pretende realizar una crítica al sistema que empuja a la persona a límites insoportables y que la abandona a su suerte, y sin embargo, ha dividido a quienes celebran el enfoque del guion y a quienes siguen viendo en él estigma.

En este documento cinematográfico, una persona con problemas graves ve cómo el sistema desatiende sus necesidades vitales, lo abandona, y lo conduce al fracaso existencial. Atrapado por la fatalidad de las circunstancias reacciona con el lenguaje de la violencia”, afirman desde el Comité Pro Salud Mental En Primera Persona de SALUD MENTAL ESPAÑA. Y a continuación, se preguntan: “¿Cómo contrarrestar el poder de una superproducción de Hollywood, de consumo mundial, en la formación de una conciencia colectiva sobre salud mental? ¿Cuál es el antídoto para neutralizar esta negatividad?”.

Tal vez no haya una respuesta única a esta pregunta, pero lo cierto es que, sea cual sea, parece claro que debe pasar por que las personas con problemas de salud mental tomen las riendas del altavoz que proporciona el cine. En el género documental, encontramos el reciente proyecto Zauria (k) (2019), en el que mujeres con trastornos mentales desgranan su situación desde un punto de vista feminista y crítico con el sistema.

Ejemplos como este pueden servir para hacernos pensar que, quizá, en un futuro sean las voces en primera persona las que se escuchen de primera mano, se evite así que sean los demás quienes hablen en su nombre, y el cine se convierta, al fin, en un aliado.

Reportaje publicado en el nº 2 de la Revista Encuentro, 2020.