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19 may 2015

La importancia de cuidar la salud mental en el trabajo

Las dificultades para encontrar un empleo o cambiar de trabajo, las malas experiencias con jefes o compañeros, o la sobrecarga de tareas no sólo afectan al ánimo y la autoestima, sino que pueden desembocar en un problema de salud mental. Potenciar habilidades que nos permitan tolerar mejor los cambios y la incertidumbre, mejorar la legislación y los mecanismos de control de los abusos en el ámbito laboral, y crear una conciencia de responsabilidad ante la empleabilidad y la salud, son cuestiones clave para evitarlos.

Salud-mental-trabajo“Yo era una chica tímida, lo que pasa es que por un problema de acoso en el trabajo, tanto psicológico como sexual, desarrollé la ansiedad social”. Carmen no es un caso aislado. Según la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (OSHA, por sus siglas en inglés), “los riesgos psicosociales representan la causa de la pérdida de más de la mitad de las jornadas de trabajo”, y el coste económico asociado a este tipo de dolencias en Europa es de “al menos 20.000 millones de euros al año”. Un entorno de trabajo psicosocialmente adverso puede tener importantes efectos negativos en la salud de los trabajadores. Sin embargo, los planes de prevención de riesgos laborales no cuidan tanto este aspecto como el de la salud física.

El Real Decreto 39/1997, de 17 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de los Servicios de Prevención, obliga al empresario a evaluar los riesgos psicosociales. Elisa Sánchez Lozano, miembro del Colegio Oficial de Psicólogos (COP), explica que las evaluaciones “tienen que estar hechas por un técnico superior en prevención de riesgos laborales, con la especialidad de ergonomía y psicosociología”. La normativa define además las metodologías para hacerlo. Sánchez Lozano dedica gran parte de su actividad laboral a realizar este tipo de evaluaciones. “Por un lado, tenemos un cuestionario en el que los trabajadores responden a preguntas sobre los tiempos de trabajo, el nivel de carga de trabajo, el estilo de dirección, cómo son las relaciones interpersonales, si tienen autonomía o cuáles son las demandas psicológicas y emocionales de su trabajo”, explica. Esto sirve para tener una idea general de cuáles son las condiciones de trabajo. “No se evalúan personas, se evalúan las condiciones”, matiza la especialista, que aclara que a partir de ese primer análisis se profundiza “con dinámicas de grupo y reuniones individuales y grupales, en focalizar por qué se está produciendo una determinada situación, a quién, qué consecuencias tiene y cómo se puede evitar”.

En España, los trastornos psicológicos no son consideradas enfermedades profesionales

Sin embargo, estas inspecciones se hacen, casi exclusivamente, cuando hay una denuncia o una petición de la persona empleada. Existen también campañas sectoriales o territoriales, pero “se hacen muy de vez en cuando”, asegura Sánchez, que lamenta que “no hay inspectores suficientes como para hacer una inspección anual en todas las empresas de España”, aunque considera que la clave no está sólo “en que las empresas cumplan la normativa por evitar una sanción. También hay otro tipo de acciones”. Por eso, por ejemplo, el COP premia a las empresas que tienen proyectos emocionalmente saludables.

Según Daniel Ruipérez, Consultor y Gestor de Proyectos de Recursos Humanos, las políticas empresariales son determinantes para el bienestar de la plantilla. La clave aquí está, según el consultor, en la elección de los mandos intermedios, porque “ellos tienen la clave que genera compromiso o rechazo”. El error, muchas veces, en su opinión, es “olvidarse de que un buen técnico no tiene por qué ser un buen gestor de personas. Hay que saber comunicar, orientar a las personas, sociabilidad… Tiene que ser alguien que imprima energía y se preocupe por su gente”.

Otro factor destacable en la legislación española es el hecho de que los trastornos psicológicos no estén considerados enfermedades profesionales. Al contrario de lo que ocurre con las dolencias físicas, en estos casos es el trabajador quien tiene que denunciar a la empresa y a la mutua para establecer la relación causal entre el trabajo y el daño a la salud. “Esto es muy complicado de demostrar”, explica Sánchez, que pone como ejemplo el caso de la enseñanza. “El 60 ó 70% de los profesores de instituto o de colegio han tenido alguna baja asociada a depresión o estrés, pero muy pocos consiguen demostrar que eso se debe a su trabajo”. Además de la consideración económica o compensatoria para los que sufren estos daños, “el problema es que es muy difícil que los inspectores obliguen a las empresas a poner en marcha medidas para prevenir y tratar estas situaciones”, explica la psicóloga.

“El problema es multicausal y requiere una intervención desde diferentes ámbitos”

Carmen trabajaba en un hospital, como técnico de radiología en un quirófano. “Tienes que hacer el trabajo bien, rápido… y los médicos pues se quejan, te gritan…”. Esa presión laboral, sumada al acoso, desembocó, en su caso, en ansiedad social. “Te sientes observada, crees que te van a juzgar, te van a criticar por lo que hagas y todo eso me producía ataques de pánico en mi puesto de trabajo”, explica. “Empiezas a sudar, te pones colorada y entonces comienzas a cometer errores”. Ahora trabaja como voluntaria en la Asociación para la superación de los trastornos de ansiedad en Barcelona (Assadega´m). Cinco años después de haber abandonado su puesto en el hospital, Carmen asegura que ahora mismo no podría incorporarse “a una empresa normal. Sólo puedo hacer cosas en espacios donde no haya demasiada gente y en los que no me sienta muy presionada”.

“El problema es multicausal y requiere una intervención desde diferentes ámbitos”, asevera la psicóloga Elisa Sánchez. En este sentido, además de las necesarias reformas legislativas y del aumento de las inspecciones expuestas más arriba, se requieren, dice, “más recursos para realizar campañas y concienciar tanto a las empresas como a los propios trabajadores”. Vuelve a comparar las lesiones físicas con las psicológicas para reivindicar la ampliación de las plantillas de profesionales preparados para ser terapeutas en las mutuas: “Si tienes una fractura de una pierna, las mutuas están preparadas, pero el daño psicológico ¿quién lo repara?”. En su opinión, “no hay una cobertura adecuada”. Esa concienciación es importante también para Carmen: “Los compañeros de trabajo de personas con estos problemas deben ser pacientes y empáticos. Deben comprender cuál es el problema para así ayudar a que nos podamos integrar”.

“El desempleo se vive como un proceso de pérdida, que conlleva una etapa de duelo”

Según la encuesta europea sobre Seguridad y Salud Laboral realizada en 2013 por la OSHA, el 74% de los trabajadores en España alegan como principal causa de estrés el número de horas trabajadas, o la sobrecarga de tareas. La inestabilidad laboral y el acoso son, para el 66%, causas fundamentales del malestar de la salud mental de las personas empleadas.

La preocupación por la inestabilidad laboral no es baladí. Según Ruipérez, “el desempleo se vive como un proceso de pérdida, que conlleva una etapa de duelo, igual que la pérdida de un ser querido”. Especialmente, asegura, “en gente que llevaba muchos años trabajando en un mismo sitio, porque parte de su identidad está ligada a la empresa, y siente que ha muerto parte de su persona”. En estas circunstancias, es fácil entrar en procesos depresivos, más o menos profundos, aunque, normalmente, “no suelen llegar a un estado patológico”.

Según Ruipérez, quienes superan antes esta situación son quienes tienen una actitud más positiva ante la vida y tienen creencias que les ayudan. “Creer que tienes posibilidades para encontrar trabajo, y que hay oportunidades ahí fuera, es fundamental”.

El síndrome de ‘estar quemado’

Es una fase previa a la depresión que “se suele dar en puestos de trabajo que consisten en ayudar a otros, puestos con altas exigencias emocionales”, según la doctora Sánchez.

Comienza cuando en vez de empatizar, te contagias de las emociones del otro. “Cuesta poner esa barrera porque no siempre nos han enseñado a hacerlo”, dice Sánchez, en cuya opinión la gestión de las competencias profesionales y personales, como la comunicación, la empatía o la asertividad son aspectos fundamentales para nuestra salud mental que deberían ser materia estudiada en colegios y universidades. “El problema es que llega un momento en que te sientes tan desbordada que el mecanismo para afrontar el estrés es la despersonalización”, explica. Pero esa actitud fría, que alivia a corto plazo el malestar emocional, provoca con el tiempo una baja realización profesional y personal. “Cuando el personal sanitario se implica con el paciente, el paciente se implica con el tratamiento, lo cumple mejor y se cura antes”, lo mismo ocurre en la relación entre alumnos y profesores, asegura la psicóloga. Por eso, la despersonalización puede no sólo hacernos sentir malos profesionales sino también malas personas. “Son síntomas de depresión” que aparecen, según Sánchez, porque “estudiamos este tipo de cosas por vocación, no por altísimos sueldos ni por reconocimiento social, sino porque nos gusta ayudar a otros”.

El equilibrio está en la escucha empática, que consiste, explica, “en comprender, respetar, entender al otro sin necesidad de tener que estar de acuerdo. Se trata de entender el dolor del otro, sin sentirlo”.

¿Son las mujeres más vulnerables?

Según la doctora Elisa Sánchez, “las estadísticas muestran una mayor vulnerabilidad de las mujeres en aspectos de estrés, ansiedad y depresión”. Sin embargo, ella no cree que se trate de una cuestión biológica sino más bien “de aprendizaje cultural y social”. Está socialmente aceptado que las mujeres identifiquen, pongan nombre y exterioricen sus sentimientos, dice la psicóloga. Pero “los chicos no lloran, nos lo han dicho muchas veces, y tener ansiedad es de niñas”, ironiza.

Sin embargo, Sánchez asegura que “para las mujeres hay más conflictos, más barreras y más dificultades”. Están, por ejemplo, más expuestas al acoso sexual, práctica tipificada como delito penal. Esto significa que excede el ámbito de las relaciones laborales pero no exime a la empresa de su responsabilidad. Ésta tiene que demostrar que puso en marcha todos los mecanismos posibles para evitar ese acoso y para intervenir de forma adecuada.

En este sentido, explica Sánchez Lozano, “hay protocolos y comisiones preparados para actuar en caso de que un trabajador se sienta acosado”. Hay diferentes tipos y niveles. La psicóloga recuerda que también se consideran acoso sexual “los comentarios o chistes discriminatorios, y en general todo lo que genere malestar en una persona”. Una misma actuación puede ser percibida como acoso o no, dependiendo de quién la reciba, por eso, ante la duda, Sánchez recomienda “no hacerlo, y si lo haces y percibes que no le gusta, no lo sigas haciendo. Hay mujeres que, por su situación de inestabilidad laboral no quieren tener un conflicto y no se atreven a decir de forma clara que una cosa les molesta, por lo que la situación puede acabar generando un profundo malestar que puede llevar a una depresión o a abandonar el trabajo”. Por esta razón, es importante que en las empresas exista un código ético que refleje qué actuaciones no son recomendables en el ámbito laboral por ser susceptibles de ser percibidas como acoso. “Cuando esto está claro y se hacen campañas de comunicación adecuadas, hay gente que se sorprende mucho, pero poco a poco se va tomando conciencia”.

Las estructuras organizativas tradicionales pueden suponer también una dificultad. “La mayoría de las empresas tienen un estilo de liderazgo que tiende a ser autoritario, con estructuras jerarquizadas y masculinizadas”, comenta Sánchez. Esa cultura empresarial favorece un tipo de relaciones interpersonales que hace que para muchas mujeres sea difícil no sólo la conciliación familiar, sino también ascender y mantenerse en el puesto. “Normalmente las mujeres que acceden a puestos de dirección suelen adoptar estilos de comunicación y liderazgo masculinos. Lo cual puede generar conflictos consigo mismas que afectan a la salud mental, porque, para ser aceptadas, adoptan un rol que no es el suyo”.

Reportaje incluido en el número 1 de la Revista Encuentro del año 2015.

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