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05 nov 2015

“Apuesto por un modelo de salud mental comunitario, mucho más desmedicalizado y deshospitalizado”

Con motivo del primer aniversario de la creación de la ‘Federación Catalana de Entidades de Salud Mental en Primera Persona’, entrevistamos a su presidente, Edgar Vinyals, quien también fundó en 2009 la Asociación de Ocio Inclusivo “Saräu”, para defender los derechos de las personas con discapacidad y problemas de salud mental.

edgar vinyalsLo tuyo es un caso cuanto menos curioso: Profesional dedicado a las personas con trastorno mental y afectado a la vez ¿Qué de bueno y malo tiene esta situación?

Mi experiencia personal como usuario de los servicios y como persona que convive con el malestar mental me permite poder empatizar con mayor facilidad con las personas, sus historias y la narración de sus vivencias. Creo que mis experiencias me han enseñado a creer en la recuperación y la capacidad de las personas para transformar las situaciones. Esto, sin duda, resulta un recurso valioso durante la atención directa para comprender las personas y las familias que se acercan a Saräu.

La parte no tan buena es que esta actitud optimista no siempre es posible tenerla, y a veces hay que aceptar las propias limitaciones y aceptar un ahora donde la fragilidad y la vulnerabilidad condicionan nuestra manera de estar en el día a día. Son dos caras de la misma moneda, aceptándolo, se pueden aprovechar las oportunidades cuando aparecen ante nosotros.

“Creo que mis experiencias me han enseñado a creer en la recuperación y la capacidad de las personas para transformar las situaciones”.

¿Podríamos decir que ese es el germen de Saräu? ¿De dónde nace, de un sueño o de una necesidad?

Saräu nace de la convicción de que las personas podemos transformar nuestro entorno y que dándonos apoyo podemos conquistar mejoras que repercutan en otros. Hace 6 años varios jóvenes que trabajábamos en servicios residenciales nos ilusionamos al pensar que podíamos contribuir a la mejora de oportunidades de las personas altamente institucionalizadas, ofreciéndoles espacios, fuera del contexto de los servicios residenciales, donde relacionarse y poder ampliar su círculo de relaciones sociales. Decidimos invertir gran parte de nuestro tiempo libre para incidir en estas mejoras.

Tú mismo defines Saräu como una ‘reunión de personas que se divierte y hace ruido’ Cuéntanos, ¿qué es ‘Saräu’ y qué objetivos tiene?

Saräu es una organización sin ánimo de lucro, una asociación juvenil y de voluntariado, que propone actividades de ocio: discotecas, karaokes, talleres de danza, de teatro y viajes. Estos espacios constituyen puntos de encuentro de gente muy diversa y en ellos se puede conocer gente y establecer lazos afectivos. Las personas que formamos Saräu apostamos por el valor de las personas, de las diferencias y de la diversidad. Por ello, promovemos que en nuestras actividades convivan personas igual de diferentes.

Como organización nos proponemos mejorar el reconocimiento del ámbito del ocio, en concreto defendemos un ocio descargado de condicionantes educativos y terapéuticos. Luchamos para que la administración pública reconozca este derecho y, con su colaboración, insuficiente aunque cada vez mayor, invertimos recursos para que las personas que se acercan a Saräu puedan acceder a nuestras propuestas o a las de otras entidades pero, sobre todo, que puedan acceder a la oferta global de ocio como la de los centros cívicos o las asociaciones culturales de la ciudad de Barcelona.

Ahora también eres presidente de la ‘Federación Catalana de Entidades de Salud Mental en Primera Persona’ ¿Por qué decides meter la cabeza en esto?

Las personas con etiquetas psiquiátricas somos de los colectivos sociales que más tarde nos hemos puesto a reivindicar nuestros derechos. Hasta hace bien poco lo hacían las familias o los profesionales por nosotros, pero después de mucho empeño y trabajo colaborativo, hoy podemos acceder a los espacios de decisión política en igualdad de condiciones que el resto de agentes implicados en la salud mental.

Personalmente apuesto por un modelo de salud mental comunitario, mucho más desmedicalizado y deshospitalizado que el que tenemos ahora. Mis experiencias en las unidades de agudos fueron muy traumáticas, ahora tengo la oportunidad, junto con las personas que forman las 5 asociaciones federadas, de estimular cambios que permitan abandonar prácticas abusivas que deterioran la dignidad de las personas.

“Las personas con etiquetas psiquiátricas somos de los colectivos sociales que más tarde nos hemos puesto a reivindicar nuestros derechos”.

¿Qué valor tiene la participación de la persona afectada en su proceso de recuperación?

Trabajar desde el principio de la recuperación es apostar por incrementar oportunidades, trabajar para posibilitar que las personas potencien sus competencias personales para tomar decisiones.

Este paradigma reconoce a las personas por sus potencialidades y fortalezas, abandonando la concepción de las personas con etiquetas psiquiátricas como sujetos pasivos. Debemos promover metodologías de intervención que permitan recuperar identidades que sustituyan a las de enfermo. No somos objetos de intervención, ¡somos sujetos de derechos!

¿Qué le falta y qué sobra a la atención en salud mental en España?

Una de las cosas que faltan es conectar los dispositivos de atención en salud mental con iniciativas comunitarias como las asociaciones de vecinos y vecinas o las asociaciones culturales, debemos invertir más esfuerzos y recursos para “cambiar el chip” y poder abrir las puertas de los servicios para que las personas tengan la oportunidad de participar en sus barrios, pueblos o ciudades.

Y sobre lo que sobra, continuamente constato que deberían reducirse las pautas de medicación crónicas. Desgraciadamente es habitual que superen las dosis diarias recomendadas, me preocupa que este hecho pase inadvertido, sin ninguna duda supone una amenaza para la salud.

Debemos abandonar la idea de que el fármaco es el eje de intervención, como decía antes, el motor de cambio debe ser las personas y sus capacidades.

 

Entrevista publicada en el número 2 de la revista Encuentro de 2015.

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