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05 feb 2016

“Somos un rato de vida, pero este rato de vida es tan estupendo, que hay que disfrutarlo”

Javier Álvarez es cantautor, de esos que congregaban a miles de personas en sus conciertos en la década de los noventa. Fue un niño superdotado, que aprendió a tocar la guitarra y a componer de un modo autodidacta. El éxito le llegó de una manera tan rápida y abrumadora que “siendo tan joven e inexperto” le pasó “una factura absolutamente brutal” que provocó que se le “desestructurara la mente”. El autor de ‘La Edad del Porvenir’ relata cómo el estrés de la fama unido al consumo de tóxicos le llevó a tener dos brotes psicóticos y una “profunda” depresión. Un relato lleno de generosidad y valentía, ya que no es fácil hablar de ello y él lo hace a corazón abierto.

Hemos quedado con él en una cafetería del centro de Madrid, está algo cambiado, ahora lleva el pelo largo. Enseguida nos sentamos y frente a un café comenzamos a charlar. Y nada mejor para conocer el origen de las situaciones que empezar por el principio.

¿Qué tal fue tu infancia y tu adolescencia? «Nací en el año 69 y tuve la peculiaridad de ser un niño superdotado. Con nueve meses, según mis padres, ya hablaba de una manera muy coherente. En aquel tiempo si tenías un niño superdotado la idea era poco más que te tenían que mandar a la NASA. Mis padres querían que fuera un niño normal, en un ambiente normal y que recibiera una educación normal».

«Con el tiempo me he dado cuenta de que esta condición de niño superdotado ha marcado mi vida de una manera decisiva con respecto a mis relaciones sociales. Después de la adolescencia, sufrida adolescencia, como la de otros chicos de mi edad, y en un momento en el que yo no sabía qué hacer con mi vida, el destino me colocó una guitarra entre las manos. Después de dormir, lo que más he hecho en mi vida ha sido escuchar música, así que me formé de una manera autodidacta».

“Aquella presión, siendo tan joven, siendo tan inexperto, me pasó una factura absolutamente brutal”

Javier Álvarez. Autor Jerónimo ÁlvarezHay mucho ruido en la cafetería, por eso cuando Javier habla, procura acercarse mucho a la grabadora, no quiere que se pierda ni una sola palabra de todo aquello que nos tiene que contar. Nos interesamos por su inicio en esto de la música. ¿Cómo arranca tu carrera musical y llegas a convertirte en un referente de los años noventa? «Empecé tocando en el metro, de allí me echaron y tuve que irme a tocar al Retiro, allí empecé a tener un gran éxito, me encontró alguien de la industria, y a partir de ahí la cosa se disparó. No me dio tiempo a asimilar la situación ni a adquirir ninguna experiencia. Aquella presión, siendo tan joven, siendo tan inexperto, me pasó una factura absolutamente brutal que provocó que, en definitiva, se me fuera la olla, que mi capacidad mental acabara desestructurándose».

Nos quedamos algo sorprendidos con la manera tan directa y clara con la que el cantautor nos cuenta su vida, su experiencia. ¿Qué, cuándo y cómo ocurrió? «Crucé una línea. Recuerdo perfectamente el instante en el que yo sentí que algo me estaba pasando en la cabeza. Esto me ocurrió en un concierto, en el mayor momento de éxito, después de que en aquel concierto se quedaran mil personas fuera. Mi mánager me decía: “¡Vamos a América, cerramos lo que quieras!” Y tuve que decirle que no. “Al contrario”, le dije, “para todo lo que haya pactado porque no puedo, estoy enfermo. Déjame el fin de semana para pensar y el lunes hablamos”».

«El lunes convoqué a toda la banda y a mi mánager y les dije: “Chicos, no puedo seguir, estoy enfermo”. Esto derivó en que yo se lo contara a mi familia y ellos buscaran ayuda, lo que me llevó a internar en un psiquiátrico. Allí estuve un mes, dieron con mi problema y me salvaron. Antes del ingreso tuve unos días de mucha confusión, días en los que perdí el sueño e incluso en los que pasé por algunos episodios de paranoia. En este momento tenía 26 años recién cumplidos. Yo siempre vinculé este primer brote psicótico a la fama sobrevenida, a la presión, que fue absolutamente tremenda. Todo lo que me ocurrió en tan poco tiempo es muy difícil de asumir. Pero yo no he sido consciente hasta ahora de que este brote psicótico también tuvo que ver con mis primeros botellones».

“Tras la salida de mi primer brote caigo en una depresión bastante profunda, pero aun así sigo trabajando”

Nos observa detenidamente, mirando a los ojos. Parece que intenta saber cómo nos hemos quedado tras su confesión: ¿Y cómo sabes que ese pudo ser el origen de tu primer ingreso en un centro psiquiátrico? «En la época en la que empecé a tocar en El Retiro fue cuando comencé a abrir mis relaciones sociales, conocí mucha gente y empecé a descubrir a un Javier diferente al que conocía hasta ese momento. Pero en aquellas relaciones, en las que yo tenía unos 23 años, aparecen la cerveza, los porros… en pequeñas cantidades. Como este consumo fue tan ocasional nunca pensé que este fuera el origen, pero ahora con el tiempo, me doy cuenta de que fue eso lo que me llevó a desarrollar un brote. No sé si me hubiera llegado a dar con la presión que estaba sosteniendo en aquellos momentos y sin consumir, pero a día de hoy puedo decir que sé que fue una de las principales causas».

¿Cuánto tardas en salir de este primer ingreso y cómo te sientes después? «Tras la salida de mi primer brote caigo en una depresión bastante profunda, pero aun así sigo trabajando. De hecho mi segundo disco lo grabo sumido en este estado de depresión. Lo que pasa es que cuando uno es joven se tiene una fuerza y una vitalidad que te permite poder recuperarte y sobreponerte de un modo mejor y más rápido».

«Yo comencé a sentirme mucho mejor, más recuperado y con el ánimo subido por el lanzamiento de mi segundo disco y la gira. Esto coincidió con mi descubrimiento del mundo de la noche. Yo jamás había entrado en un bar de copas, no había tomado cubatas y muchísimo menos me había metido una raya. Era el año 97. Entrar en ese mundo en parte me gustó, porque me ayudó a socializar, a desinhibirme. Yo soy un animal de escenario, de estudio, ahí me desenvuelvo muy bien, pero cuando salgo de ahí soy una persona muy tímida, y esto me ayudaba a no serlo tanto. Pero también es verdad que todo ello me introdujo en el mundo del desparrame, algo que no había vivido de más joven, y que me llevó a desestructurarme de nuevo. Es en el año 99 cuando me da el segundo brote psicótico e ingreso de nuevo en el hospital, pero esta vez muy dañado. Crucé otro umbral, pero esta vez con el agravante de que estaba más intoxicado».

Javier para de hablar y le da un trago largo a la infusión. Se denota en él calma, parece que esta charla está teniendo algo de terapéutico. ¿Pudiste entonces confirmar que el consumo era el origen de tus problemas de ? «Este segundo brote sí que estoy seguro que me dio por el consumo, pero afortunadamente de ahí salí, aunque sí que es verdad que me han seguido dando atisbos de brote, he sabido controlarlo y pararlo. He conseguido frenar lo que me estaba pasando porque ya conocía los síntomas».

“A día de hoy soy muy afortunado de haber localizado episodios que claramente eran inicios de brotes psicóticos”

Hablemos de cómo reaccionó tu entorno más cercano al conocer tu problema de salud mental. «Mi familia y las personas que me han rodeado siempre me han tratado con un cariño brutal ante todo aquello que me estaba pasando y eso ha sido lo que más me ha ayudado. Pero también es importante ser responsable con el tratamiento médico. No hay que olvidar que el cuerpo es química y este tipo de problemas tienen que ver con descompensaciones químicas, por lo que, aunque hay otras cosas importantes, hay que ser consciente de que el tratamiento médico en este tipo de situaciones es crucial, siempre en su justa medida y de una manera pautada».

Ya no queda café en las tazas, pero nos queda conversación para rato, aunque no quepa completa en estas páginas. Es llamativo lo que nos cuentas de cómo en los dos brotes eres totalmente consciente de que algo te pasa y pides ayuda. «Es verdad que yo supe darme cuenta a tiempo de que algo me pasaba, creo que puede deberse al tipo de estructura mental que tengo, que me hace más sensible a la hora de localizar qué y cuándo me está pasando algo que no es normal. Pero ahora pienso que he sido muy bestia conmigo mismo. Después del segundo brote no me explico cómo fui capaz de volver a cogerme un pedo, pero ocurrió. A día de hoy soy muy afortunado de haber localizado episodios que claramente eran inicios de brotes psicóticos, pero he sido siempre tan consciente de ello que lo he parado, además de una manera física, tirándome al suelo y diciéndome: “Déjate de tonterías, estás aquí, sigue aquí y deja de pensar en eso”».

Desde un plano más liviano y que tiene que ver con su profesión: ¿Cuánto de locura hay en la música de Javier Álvarez? «TODO. El que se cree cuerdo del todo es paralelo a aquel que se cree que siempre tiene razón… Es importante un poco de locura y reconocer que todos estamos muy perdidos en la vida, forma parte de llegar a la madurez, darte cuenta de que estás perdido, eso te hace poner el pie en la tierra de verdad».

Pagamos la cuenta y nos ponemos los abrigos, fuera ya hace más frío del que hacía cuando entramos. Pero no queremos irnos sin saber. ¿Cómo estás ahora? «Estoy en un momento muy bueno de mi vida, me estoy cuidando mucho, tengo mucha vitalidad y sobre todo mucha ilusión. Adoro la vida, adoro vivir, es una oportunidad única. De esto se puede salir, yo hablo de mi caso concreto, con ayuda, dejándote ayudar. Es decir, hay que querer. Hay que tener voluntad y consciencia de que hay algo que está pasando».

«Somos un rato de vida, pero este rato de vida es tan estupendo, que hay que disfrutarlo y cuando digo disfrutar no me refiero a obviar el dolor. El dolor y las situaciones que nos lo provocan hay que vivirlas, hay que pasar por ellas».

Entrevista publicada en el número 3 de la Revista Encuentro.

Nos quedamos con uno de sus hits: “La edad del porvenir”:

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