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12 jul 2012

José María Sánchez Monge: “Es imposible cuantificar el impacto social y humano que supone un trastorno mental como la esquizofrenia”

El presidente de la Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (FEAFES) solicita más recursos y esfuerzos para lograr la plena integración social y laboral del paciente, durante el primer Foro Internacional Nuevos Abordajes en el Tratamiento de la Esquizofrenia.

Multitud de estudios aluden a la elevada carga económica que representa la esquizofrenia para la sociedad. Sinembargo, apenas existen publicaciones que hagan referencia a los costes “intangibles” derivados de la pérdida de la calidad de vida de los pacientes y de sus familiares. “El gasto sanitario derivado del tratamiento de esta enfermedad es cuantioso, pero sin duda nada comparable a la sensación de aislamiento, reclusión o social de las que son víctimas tanto pacientes como familiares”.

Con estas palabras abría su intervención José María Sánchez Monge, de Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y (), en su reciente participación en el 1er Foro Internacional Nuevos Abordajes en el Tratamiento de la Esquizofrenia, organizado por el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), con la colaboración dela Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) yla Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y el apoyo de Roche Farma.

En el transcurso de esta jornada, Sánchez Monge manifestó su preocupación por la poca atención que se le ha prestado al deterioro de las habilidades sociales de las personas con enfermedad mental y su capacidad para integrarse en su entorno familiar como social, algo que, en su opinión, “es una necesidad de primer orden puesto que sin ellas difícilmente el individuo logrará abrirse a su círculo más próximo y rehacer su vida social y laboralmente”.

Actividades cotidianas como ir a trabajar, licenciarse en la Universidad o compartir una velada con amigos resultan más difíciles para estas personas ya que, por lo general, presentan alteraciones vinculadas con el comportamiento y las emociones, como apatía, desinterés, insociabilidad o falta de atención y concentración, lo que les dificulta llevar una vida normal. Estas manifestaciones, también conocidas como síntomas negativos, han permanecido hasta ahora en un segundo plano, puesto que los tratamientos se han centrado en tratar los delirios y las alucinaciones (síntomas positivos de la patología), pese a que su padecimiento es igualmente de incapacitante y, por ello, merecen también ser centro de atención.

 Atención integral

El reto actual en el tratamiento de estas personas es abordar de forma global la esquizofrenia: tratando los síntomas positivos, los negativos y los déficits cognitivos. En opinión del presidente de FEAFES, “se trata de un gran paso hacia la recuperación y la reinserción del paciente en la sociedad”. Sánchez Monge valora positivamente la psicoterapia y la atención en las unidades de salud mental comunitaria. En ellas, explica, “los individuos aprenden habilidades sociales básicas que le serán muy útiles para enfrentarse a la vida y ser autónomos. En estos centros se trabaja mucho la adherencia al tratamiento, lo que evita un alto porcentaje de abandonos y, por lo tanto, reduce el riesgo de recaídas e ingresos hospitalarios”.

Diversos estudios han demostrado que la psicoterapia puede llegar a reducir hasta en un 47% el uso de medicamentos en pacientes con un alto índice de consulta médica. “Lo primordial del tratamiento es que el afectado logre cierto grado de autonomía y para ello, es fundamental que la terapia atienda a todo lo que tiene que ver con las relaciones y habilidades sociales del individuo”, aclara.

 Estigma social

La información es el primer escalón para hacer frente a la esquizofrenia. Sinella, difícilmente se puede comprender el alcance de la enfermedad o lo que es más importante, diagnosticarla en sus primeras fases. Aunque sólo el 25% de las esquizofrenias debuta en la infancia y en la adolescencia, lo cierto es que algunos de los síntomas relacionados con la enfermedad aparecen a edades tempranas, pero su diagnóstico no se produce hasta varios años más tarde. Las razones son diversas, apunta Sánchez Monge: “la estigmatización de la enfermedad mental, el miedo de los padres al rechazo social o simplemente la confusión entre las primeras manifestaciones con los efectos provocados del consumo de alcohol y de sustancias tóxicas”.

Asimismo, prosigue, “la inmensa mayoría de los jóvenes desconocen los riesgos para su salud del abuso frecuente de bebidas alcohólicas y/o estupefacientes”. Desde hace varios años, la Confederación, a través de sus entidades miembro, imparte charlas formativas en los centros educativos para prevenir este tipo de conductas en la población juvenil, al tiempo que trabajar en la educación y concienciación de los padres. “Es fundamental que sepan cómo actuar ante los primeros síntomas y qué deben hacer ante la aparición de un brote psicótico”, concluye el presidente de FEAFES.

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