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    [post_date] => 2021-06-28 08:57:05
    [post_date_gmt] => 2021-06-28 06:57:05
    [post_content] => [vc_row][vc_column][vc_column_text]Las circunstancias que rodean a cada persona y los contextos sociales hacen que no todo el mundo elija salir del armario en el momento en el que tal vez quisiera, con los consiguientes efectos que ello provoca en la salud mental de esa persona. Hemos hablado con expertos de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) para conocer la realidad del colectivo y denunciar esos condicionantes que, en pleno siglo XXI, limitan o, directamente, impiden la expresión libre de la diversidad sexual y que pueden desencadenar problemas emocionales y de salud mental.

 [/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width="2/3"][vc_single_image image="78797" img_size="full" add_caption="yes" onclick="link_image"][/vc_column][vc_column width="1/3"][vc_column_text]No hace tanto que, en España, a las personas homosexuales, especialmente a los hombres, se les perseguía y encarcelaba por la ‘Ley de vagos y maleantes’. Una ley que, aunque dejó de aplicarse con el fin de la dictadura, se derogó definitivamente en 1995. Las lesbianas quedaban ocultas y no reconocidas o, en el peor de los casos, se las encerraba en un psiquiátrico. Hace solo 31 años que la OMS dejó de considerar la homosexualidad como una “enfermedad mental”.

Sin duda, unos antecedentes todavía demasiado cercanos en el tiempo como para que no sigan impregnando a la sociedad de conductas discriminatorias, de odio, rechazo, maltrato y humillación a las personas del colectivo LGTBI desde la misma infancia y la adolescencia.

Alejandro Alder, miembro del Consejo Consultivo en la FELGTB y psicólogo general sanitario, explica cómo influyen los contextos sociales en el colectivo, en su toma de decisiones y en el desarrollo de su salud mental y su bienestar, o malestar, emocional.

“Imagina que creces en un ambiente en el que se rechaza tu expresión del ser”, ilustra Alder. “Tu familia, en la escuela o en el instituto rechazan tu orientación o tu identidad sexuales. Esto genera un daño en las personas que están recibiendo el mensaje de que el afecto no es incondicional, sino que es condicional. Yo te quiero, pero si tú eres heterosexual. Es como si tu familia no te aceptara por ser alta, pelirrojo o tener los ojos marrones. Son cosas que no podemos cambiar”.

El experto afirma que esta situación, sobre todo si se mantiene en el tiempo, genera en la persona unas heridas emocionales, provocadas por el sentimiento de abandono que siente en su niñez y adolescencia, por quienes en teoría deberían de cuidarle, apoyarle y darle un contexto de seguridad para moverse por el mundo. “El niño o la niña crecen con la información indirecta de que lo que son y lo que sienten está mal visto por su contexto familiar o educativo. Empiezan a crecer con la pregunta: qué pasa conmigo, ¿estoy solo en el mundo?”.

Así, esta inseguridad y fragilidad emocional desde edades tempranas, según reconoce la propia Asociación Estadounidense de Psicología (APA), lleva al colectivo a estar más expuesto a desarrollar un problema de salud mental y a que se prolongue en la edad adulta. 

Según el psicólogo, “el hecho de tener que ocultar quién eres, si sabes que tu entorno no te acepta, es un factor de riesgo de desarrollar ansiedad. Estamos más expuestos a caer en adicciones, a tener síntomas depresivos, de ansiedad, a poder desarrollar un TCA (bulimia, anorexia, o una vigorexia que afecta sobre todo a los chicos), a experimentar sensaciones de vacío o a entrar en procesos de ideación, planificación o intento de suicidio”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Alder admite que “salir del armario es una cuestión de salud mental”, pero asume también que hay que hacerlo, “entendiendo los contextos y la situación personal. Cada sujeto tiene unas circunstancias muy concretas que, desafortunadamente, hacen que no todo el mundo pueda elegir salir del armario en el momento que tal vez quisiera”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row bg_type="bg_color" bg_color_value="#f2f2f2"][vc_column][vc_column_text]

“Tener que ocultar quién eres, si sabes que tu entorno no te acepta, es un factor de riesgo de desarrollar ansiedad”

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Por ello, desde la FELGTB, aparte de reivindicar mayor formación y educación en la diversidad sexual en todos sus ámbitos de la sociedad, consideran crucial que las y los profesionales de la salud mental adquieran formación en una psicología LGTBI afirmativa. “La realidad LTGBI se tiene que abordar desde un punto de vista identitario, para poder hacer procesos terapéuticos, tal vez más eficaces, más eficientes y que una persona pueda tener herramientas más concretas para poder sanar sus heridas emocionales”, concluye Alejandro Alder.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width="2/3"][vc_column_text]
Línea arcoíris, el recurso para miles de personas
La línea arcoíris, es el recurso de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) que, desde 2016, da respuesta a todas las personas que sufren cualquier tipo de discriminación por motivo de su orientación sexual, identidad o expresión de género o pertenencia a una familia LGTBI. “Acompañamos a la persona, que está viviendo una situación difícil y le facilitamos los recursos necesarios para superar el conflicto que nos plantea”, explica Alfonso Lara, responsable del servicio de información y atención a la población LGTBI de la FELGTB. El año 2020, con la pandemia, ha sido especialmente complicado, tal y como refleja el incremento en el número de consultas recibidas, sobre todo, durante el primer período confinamiento por el estado de alarma. Entre el 16 de marzo y el 29 de mayo, las consultas aumentaron un 136%. La situación de confinamiento en el hogar agravó problemáticas ya existentes como la soledad, el aislamiento y la falta de apoyo familiar de las personas mayores LGTBI. “La primera semana prácticamente todas atenciones fueron de personas entre los 50 y 60 años que se sentían solas y necesitaban expresar las emociones que les provocaba el confinamiento. Ya no podían asistir a los grupos que las entidades facilitan para socializar y esto les provocaba una situación de tristeza y depresión. La línea arcoíris les proporcionó una voz amiga con la que compartir preocupaciones, dudas y miedos frente a el aislamiento y la falta de apoyo familiar”, explica Lara. Asimismo, destaca la especial vulnerabilidad de la población joven y adolescente LGTBI, con familias LGTBIfóbicas, y nos aporta el testimonio de un joven de 20 años que, con la pandemia, ha vuelto a su pueblo, donde siente que ha “perdido un trocito de mí, por aguantar días y días la negación de mi persona”. Alfonso Lara también destaca que, durante la pandemia, las actitudes de acoso hacia las personas jóvenes no han cesado. Solo han cambiado de escenario, y en lugar de hacerse en la escuela o el instituto, se han mantenido a través de las redes sociales. En este sentido, al igual que Alder, este experto insiste en la importancia de combatir la LGTBIfobia y las agresiones desde la infancia y en el entorno escolar, para ello, propone dos recursos de ayuda: la Red de Escuela Seguras y la web stopacosoescolarlgtb.com.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width="1/3"][vc_single_image image="78815" img_size="full" add_caption="yes" onclick="link_image"][/vc_column][/vc_row][vc_row bg_type="bg_color" bg_color_value="#f2f2f2"][vc_column][vc_column_text]"El confinamiento agravó problemáticas de las personas mayores LGTBI, como la soledad, el aislamiento y la falta de apoyo familiar"[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_single_image image="78825" img_size="full" add_caption="yes"][/vc_column][/vc_row][vc_row bg_type="bg_color" bg_color_value="#f2f2f2"][vc_column][vc_column_text]“Me vi, con 42 años, sin carrera profesional, sin medios para mantener a mi familia y con gente que me decía que mi vida le daba asco”[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width="1/2"][vc_single_image image="78829" img_size="full" add_caption="yes" onclick="link_image"][/vc_column][vc_column width="1/2"][vc_column_text]El laboral es otro de los ámbitos en el que, con mayor frecuencia, las personas del colectivo LGTBI sufre, o puede sufrir, discriminación una vez que deciden expresar su orientación o su identidad sexual, con excepción del colectivo trans, para quienes la discriminación llega incluso antes y ni siquiera tienen la oportunidad de acceder a un empleo. La tasa de desempleo entre las personas transexuales es del 90%. El miedo al despido y/o al aislamiento es el principal motivo por el que muchas personas LGTBI no se atreven a expresar libremente su identidad u orientación sexual en los entornos de trabajo. Le ocurrió a Isabel Quintairos, periodista y socia de Saúde Mental FEAFES Galicia, que cuenta con la primera sentencia del estado español en la que se decreta un despido nulo por causas de discriminación de índole política y sexual. Como ella misma cuenta, después de 17 años trabajando en una emisora de radio, pidió una excedencia forzosa, que implica la readmisión forzosa, es decir, que cuando la persona solicita la readmisión, la empresa está obligada a reincorporarla en el mismo puesto y con las mismas condiciones anteriores a la excedencia. Ella solicitó este tipo permiso para trabajar con un partido político progresista y durante ese tiempo, se casó con una mujer. Parece que ambas circunstancias no gustaron a la empresa, que, frente a las sentencias que la obligaron a readmitir a la periodista, respondió con actitudes de ‘mobbing’. En los casi dos años que duró el calvario judicial, de demandas, sentencias, recursos, nuevas sentencias y acoso laboral, la salud mental de Isabel fue empeorando, ya no solo por el hecho de estar sin trabajo y por el propio proceso judicial, sino porque toda su vida personal se vio expuesta, en una ciudad pequeña, y donde muchas personas conocidas, familiares, compañeros de trabajo le dieron la espalda. “Me vi, con 42 años, sin carrera profesional, sin medios para mantener a mi familia y con gente que me decía que mi vida le daba asco, gente que dejó de hablarme, y que se cruzaban conmigo por la calle y hacían como si no me conocieran. Gente que quería quedar para tomar un café, pero fuera de Santiago de Compostela, para que no nos vieran juntos… te ves en situaciones que te minan”, recuerda con dolor en su tono de voz. Quintairos experimentó esa condicionalidad de los afectos, esta vez en la edad adulta, que antes señalaba Alejandro Alder. A raíz de esta experiencia, “me fui cuesta abajo”, expresa la periodista, quien reconoce que inicialmente “no tenía ni idea” de lo que le estaba pasando. Actualmente tiene un diagnóstico de depresión mayor, además de otros problemas de salud física, y una discapacidad reconocida del 65%. A través de Saúde Mental FEAFES Galicia, entidad a la que pertenece, pudo conseguir algunos trabajos de limpieza, porque “por más cualificada que estés, si tienes un problema de salud mental, a lo único que puedes acceder es al sector de limpieza”. Ahora vive de la pensión que, después de mucho luchar, ha conseguido tras reconocérsele una invalidez. A pesar de tanta pérdida, Isabel cuenta en su haber con “la satisfacción de que si alguna persona se ve en esta situación ya tiene mi sentencia. Si alguna persona del colectivo LGTBIQ+ necesita un respaldo judicial, ahí está mi caso”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Para Quintairos, el reto sigue estando en conseguir el respeto de la sociedad. “A las personas no hay que tolerarlas, hay que respetarlas”, reivindica. Y para ello, es fundamental una educación para la igualdad, “porque sólo desde la igualdad y a través de la educación podremos construir una sociedad que no tenga miedo y por lo tanto, no persiga, no señale y respete a las personas por su diversidad”.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_separator][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_column_text]Reportaje publicado en el nº 1 de la Revista Encuentro, 2021.[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width="1/4"][vc_btn title="VOLVER A NOTICIAS" style="gradient-custom" gradient_custom_color_1="#ffffff" gradient_custom_color_2="#ffffff" gradient_text_color="#005b50" shape="square" align="center" i_icon_fontawesome="fa fa-chevron-circle-left" add_icon="true" link="url:%2Fnoticias%2F|title:NOTICIAS||"][/vc_column][vc_column width="1/4"][/vc_column][vc_column width="1/4"][/vc_column][vc_column width="1/4"][/vc_column][/vc_row] [post_title] => “Salir del armario es una cuestión de salud mental, pero…” [post_excerpt] => Reportaje sobre las circunstancias sociales que rodean las personas LGTBI y los efectos que provocan para su salud mental. 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“Salir del armario es una cuestión de salud mental, pero…”

28/06/2021

Reportaje sobre las circunstancias sociales que rodean las personas LGTBI y los efectos que provocan para su salud mental. Publicado en la Revista Encuentro, nº 1 de 2021.

Las circunstancias que rodean a cada persona y los contextos sociales hacen que no todo el mundo elija salir del armario en el momento en el que tal vez quisiera, con los consiguientes efectos que ello provoca en la salud mental de esa persona. Hemos hablado con expertos de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) para conocer la realidad del colectivo y denunciar esos condicionantes que, en pleno siglo XXI, limitan o, directamente, impiden la expresión libre de la diversidad sexual y que pueden desencadenar problemas emocionales y de salud mental.

 

LGTBI
Entre el 16 de marzo y el 29 de mayo de 2020, las consultas a la línea arcoíris aumentaron un 136%.

No hace tanto que, en España, a las personas homosexuales, especialmente a los hombres, se les perseguía y encarcelaba por la ‘Ley de vagos y maleantes’. Una ley que, aunque dejó de aplicarse con el fin de la dictadura, se derogó definitivamente en 1995. Las lesbianas quedaban ocultas y no reconocidas o, en el peor de los casos, se las encerraba en un psiquiátrico. Hace solo 31 años que la OMS dejó de considerar la homosexualidad como una “enfermedad mental”.

Sin duda, unos antecedentes todavía demasiado cercanos en el tiempo como para que no sigan impregnando a la sociedad de conductas discriminatorias, de odio, rechazo, maltrato y humillación a las personas del colectivo LGTBI desde la misma infancia y la adolescencia.

Alejandro Alder, miembro del Consejo Consultivo en la FELGTB y psicólogo general sanitario, explica cómo influyen los contextos sociales en el colectivo, en su toma de decisiones y en el desarrollo de su salud mental y su bienestar, o malestar, emocional.

“Imagina que creces en un ambiente en el que se rechaza tu expresión del ser”, ilustra Alder. “Tu familia, en la escuela o en el instituto rechazan tu orientación o tu identidad sexuales. Esto genera un daño en las personas que están recibiendo el mensaje de que el afecto no es incondicional, sino que es condicional. Yo te quiero, pero si tú eres heterosexual. Es como si tu familia no te aceptara por ser alta, pelirrojo o tener los ojos marrones. Son cosas que no podemos cambiar”.

El experto afirma que esta situación, sobre todo si se mantiene en el tiempo, genera en la persona unas heridas emocionales, provocadas por el sentimiento de abandono que siente en su niñez y adolescencia, por quienes en teoría deberían de cuidarle, apoyarle y darle un contexto de seguridad para moverse por el mundo. “El niño o la niña crecen con la información indirecta de que lo que son y lo que sienten está mal visto por su contexto familiar o educativo. Empiezan a crecer con la pregunta: qué pasa conmigo, ¿estoy solo en el mundo?”.

Así, esta inseguridad y fragilidad emocional desde edades tempranas, según reconoce la propia Asociación Estadounidense de Psicología (APA), lleva al colectivo a estar más expuesto a desarrollar un problema de salud mental y a que se prolongue en la edad adulta.

Según el psicólogo, “el hecho de tener que ocultar quién eres, si sabes que tu entorno no te acepta, es un factor de riesgo de desarrollar ansiedad. Estamos más expuestos a caer en adicciones, a tener síntomas depresivos, de ansiedad, a poder desarrollar un TCA (bulimia, anorexia, o una vigorexia que afecta sobre todo a los chicos), a experimentar sensaciones de vacío o a entrar en procesos de ideación, planificación o intento de suicidio”.

Alder admite que “salir del armario es una cuestión de salud mental”, pero asume también que hay que hacerlo, “entendiendo los contextos y la situación personal. Cada sujeto tiene unas circunstancias muy concretas que, desafortunadamente, hacen que no todo el mundo pueda elegir salir del armario en el momento que tal vez quisiera”.

“Tener que ocultar quién eres, si sabes que tu entorno no te acepta, es un factor de riesgo de desarrollar ansiedad”

Por ello, desde la FELGTB, aparte de reivindicar mayor formación y educación en la diversidad sexual en todos sus ámbitos de la sociedad, consideran crucial que las y los profesionales de la salud mental adquieran formación en una psicología LGTBI afirmativa. “La realidad LTGBI se tiene que abordar desde un punto de vista identitario, para poder hacer procesos terapéuticos, tal vez más eficaces, más eficientes y que una persona pueda tener herramientas más concretas para poder sanar sus heridas emocionales”, concluye Alejandro Alder.

Línea arcoíris, el recurso para miles de personas

La línea arcoíris, es el recurso de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) que, desde 2016, da respuesta a todas las personas que sufren cualquier tipo de discriminación por motivo de su orientación sexual, identidad o expresión de género o pertenencia a una familia LGTBI.

“Acompañamos a la persona, que está viviendo una situación difícil y le facilitamos los recursos necesarios para superar el conflicto que nos plantea”, explica Alfonso Lara, responsable del servicio de información y atención a la población LGTBI de la FELGTB.

El año 2020, con la pandemia, ha sido especialmente complicado, tal y como refleja el incremento en el número de consultas recibidas, sobre todo, durante el primer período confinamiento por el estado de alarma. Entre el 16 de marzo y el 29 de mayo, las consultas aumentaron un 136%.

La situación de confinamiento en el hogar agravó problemáticas ya existentes como la soledad, el aislamiento y la falta de apoyo familiar de las personas mayores LGTBI. “La primera semana prácticamente todas atenciones fueron de personas entre los 50 y 60 años que se sentían solas y necesitaban expresar las emociones que les provocaba el confinamiento. Ya no podían asistir a los grupos que las entidades facilitan para socializar y esto les provocaba una situación de tristeza y depresión. La línea arcoíris les proporcionó una voz amiga con la que compartir preocupaciones, dudas y miedos frente a el aislamiento y la falta de apoyo familiar”, explica Lara.

Asimismo, destaca la especial vulnerabilidad de la población joven y adolescente LGTBI, con familias LGTBIfóbicas, y nos aporta el testimonio de un joven de 20 años que, con la pandemia, ha vuelto a su pueblo, donde siente que ha “perdido un trocito de mí, por aguantar días y días la negación de mi persona”.

Alfonso Lara también destaca que, durante la pandemia, las actitudes de acoso hacia las personas jóvenes no han cesado. Solo han cambiado de escenario, y en lugar de hacerse en la escuela o el instituto, se han mantenido a través de las redes sociales.

En este sentido, al igual que Alder, este experto insiste en la importancia de combatir la LGTBIfobia y las agresiones desde la infancia y en el entorno escolar, para ello, propone dos recursos de ayuda: la Red de Escuela Seguras y la web stopacosoescolarlgtb.com.

Alfonso Lara
Alfonso Lara, responsable del servicio de información y atención a la población LGTBI de la FELGTB

“El confinamiento agravó problemáticas de las personas mayores LGTBI, como la soledad, el aislamiento y la falta de apoyo familiar”

Durante la pandemia, las actitudes de acoso hacia las personas jóvenes se han mantenido en las redes sociales
Durante la pandemia, las actitudes de acoso hacia las personas jóvenes se han mantenido en las redes sociales

“Me vi, con 42 años, sin carrera profesional, sin medios para mantener a mi familia y con gente que me decía que mi vida le daba asco”

Isabel Quintairos, integrante de Saúde Mental FEAFES Galicia
Isabel Quintairos, integrante de Saúde Mental FEAFES Galicia

El laboral es otro de los ámbitos en el que, con mayor frecuencia, las personas del colectivo LGTBI sufre, o puede sufrir, discriminación una vez que deciden expresar su orientación o su identidad sexual, con excepción del colectivo trans, para quienes la discriminación llega incluso antes y ni siquiera tienen la oportunidad de acceder a un empleo. La tasa de desempleo entre las personas transexuales es del 90%.

El miedo al despido y/o al aislamiento es el principal motivo por el que muchas personas LGTBI no se atreven a expresar libremente su identidad u orientación sexual en los entornos de trabajo.

Le ocurrió a Isabel Quintairos, periodista y socia de Saúde Mental FEAFES Galicia, que cuenta con la primera sentencia del estado español en la que se decreta un despido nulo por causas de discriminación de índole política y sexual.

Como ella misma cuenta, después de 17 años trabajando en una emisora de radio, pidió una excedencia forzosa, que implica la readmisión forzosa, es decir, que cuando la persona solicita la readmisión, la empresa está obligada a reincorporarla en el mismo puesto y con las mismas condiciones anteriores a la excedencia. Ella solicitó este tipo permiso para trabajar con un partido político progresista y durante ese tiempo, se casó con una mujer. Parece que ambas circunstancias no gustaron a la empresa, que, frente a las sentencias que la obligaron a readmitir a la periodista, respondió con actitudes de ‘mobbing’.

En los casi dos años que duró el calvario judicial, de demandas, sentencias, recursos, nuevas sentencias y acoso laboral, la salud mental de Isabel fue empeorando, ya no solo por el hecho de estar sin trabajo y por el propio proceso judicial, sino porque toda su vida personal se vio expuesta, en una ciudad pequeña, y donde muchas personas conocidas, familiares, compañeros de trabajo le dieron la espalda. “Me vi, con 42 años, sin carrera profesional, sin medios para mantener a mi familia y con gente que me decía que mi vida le daba asco, gente que dejó de hablarme, y que se cruzaban conmigo por la calle y hacían como si no me conocieran. Gente que quería quedar para tomar un café, pero fuera de Santiago de Compostela, para que no nos vieran juntos… te ves en situaciones que te minan”, recuerda con dolor en su tono de voz.

Quintairos experimentó esa condicionalidad de los afectos, esta vez en la edad adulta, que antes señalaba Alejandro Alder.

A raíz de esta experiencia, “me fui cuesta abajo”, expresa la periodista, quien reconoce que inicialmente “no tenía ni idea” de lo que le estaba pasando. Actualmente tiene un diagnóstico de depresión mayor, además de otros problemas de salud física, y una discapacidad reconocida del 65%. A través de Saúde Mental FEAFES Galicia, entidad a la que pertenece, pudo conseguir algunos trabajos de limpieza, porque “por más cualificada que estés, si tienes un problema de salud mental, a lo único que puedes acceder es al sector de limpieza”. Ahora vive de la pensión que, después de mucho luchar, ha conseguido tras reconocérsele una invalidez.

A pesar de tanta pérdida, Isabel cuenta en su haber con “la satisfacción de que si alguna persona se ve en esta situación ya tiene mi sentencia. Si alguna persona del colectivo LGTBIQ+ necesita un respaldo judicial, ahí está mi caso”.

Para Quintairos, el reto sigue estando en conseguir el respeto de la sociedad. “A las personas no hay que tolerarlas, hay que respetarlas”, reivindica. Y para ello, es fundamental una educación para la igualdad, “porque sólo desde la igualdad y a través de la educación podremos construir una sociedad que no tenga miedo y por lo tanto, no persiga, no señale y respete a las personas por su diversidad”.

Reportaje publicado en el nº 1 de la Revista Encuentro, 2021.